Primero, elige el sitio y el plan
Saber qué llevar a un picnic empieza por saber dónde y cuánto tiempo vas a estar. No es lo mismo una tarde en el parque de la ciudad, con bancos y fuentes cerca, que un día en la montaña, junto a un río o en la playa, donde lo que no llevas no lo encuentras. Piensa cuántas personas sois, si hay niños y si vais a comer de verdad o solo a picar algo mientras dura la tarde.
Con eso claro, ya puedes ajustar las cantidades. Para un picnic para comer, mejor pensar en platos completos y fáciles de repartir, y para una merienda basta con algo ligero. Mira también el tiempo y la sombra disponible, porque en pleno verano una sombrilla o un buen árbol cambian el día. Comprueba además si el lugar permite llevar comida y si hay papeleras, para saber cuánta basura tendrás que traerte de vuelta.
Qué comida llevar a un picnic
La mejor comida de picnic se come con las manos, se reparte sin cubiertos complicados y soporta un rato fuera de casa. Los clásicos funcionan: tortilla de patatas, bocadillos, empanada, embutido y queso, ensalada de pasta o unos tomates cherry. Para picar entre horas, las aceitunas, los frutos secos y las patatas fritas nunca sobran.
Para el final, la fruta de temporada, las uvas o las cerezas y alguna galleta o magdalena resuelven el postre sin ensuciar. Si llevas ensaladas o cualquier cosa con salsa, transpórtala en táperes cerrados y aparte del pan, para que no se ablande. Prepara las raciones en recipientes pequeños y así cada uno se sirve lo que quiere sin abrir y cerrar todo.
Piensa también en las alergias y las intolerancias de quienes vienen. Una pregunta previa a los invitados evita sorpresas y te ayuda a decidir qué preparar, y conviene etiquetar los recipientes para que nadie coma algo que no debe.
Para beber, agua en cantidad, zumo, limonada o refrescos, y un termo de café o té si refresca. Una nevera portátil con hielo mantiene frías las bebidas y los productos frescos, así que mete en ella lo que se estropea con el calor y deja fuera lo demás. Conviene llevar más agua de la que crees que vas a necesitar.
Lo imprescindible del picnic
Con estas diez cosas tienes resuelto lo esencial para comer bien y cómodo al aire libre.
-
manta o mantel -
nevera portátil - tortilla de patatas
-
bocadillos
-
agua
-
fruta de temporada
-
platos y vasos -
servilletas -
bolsa de basura -
protector solar
Lo práctico: manta, platos y comodidad
Después de la comida, lo que más se agradece es la comodidad. Una manta grande, mejor con la parte de abajo impermeable, o un mantel que no se moje con la humedad del suelo es la base. Si el sitio tiene mesas, puede bastar con un mantel; si no, unos cojines o una esterilla fina ayudan a pasar un buen rato sentado.
Para comer, platos y vasos ligeros y reutilizables, cubiertos, servilletas, un abrebotellas, un cuchillo con tabla para cortar y una bolsa para la basura. Las toallitas húmedas y el gel de manos son útiles cuando no hay agua cerca. Para el sol, una gorra o un sombrero, protector solar y, según la zona, repelente. Si refresca al atardecer, una sudadera ligera evita que te vayas antes de tiempo.
Un picnic también es para pasarlo bien. Una baraja de cartas, una pelota, un frisbi, un libro o un altavoz pequeño alargan la sobremesa, siempre respetando a quienes comparten el espacio contigo.
Con niños, y cómo dejarlo todo al terminar
Si vais con niños, lleva más de lo que crees: bebida, fruta troceada, algo de picar para cuando tengan hambre antes de la hora, ropa de cambio y juegos que los mantengan ocupados. Elige un sitio sin zonas peligrosas cerca, como un camino con coches o agua profunda, y fija un lugar de encuentro por si alguien se aleja.
Al terminar, recoge todo lo que hayas traído, incluidas las cáscaras, los restos de comida y las servilletas. Lleva una bolsa extra para separar la basura y llévatela a casa si no hay papeleras. Dejar el sitio mejor de como lo encontraste es la mejor forma de que todos puedan volver.
Por último, repasa la lista con calma antes de cerrar el coche o la mochila. Marca lo que ya tienes, anota lo que te falta y prepara la comida con tiempo, porque un picnic bien pensado se disfruta mucho más que uno improvisado a última hora.